Desequilibrando el equilibrio (de She-Ra y las novelas juveniles)

En estos días, en los huecos que logro arrebatarle al trabajo y las tareas de casa, estaba revisando una novela juvenil “fallida” para tratar de volver a darle vida con lo que he aprendido en estos años. Y en eso estaba, cuando mi peque (que ya no es tan peque) me ha golpeado con una verdad que me ha hecho sacudir todos los cimientos. Ya, como padre comprometido, tenía claro que todos mis personajes protagonistas futuros iban a ser femeninos, para ir reequilibrando las cosas; pero no me percataba del resto del desequilibrio. Que se resumió en una lapidaria frase.

-¿Te has dado cuenta de que siempre son tres protagonistas, dos chicos y una chica?

Pues sí me había dado cuenta, y no me había dado cuenta. Entonces, tras ese mazazo vital, vuelvo a ponerme ante mi esquema, y cambio uno de los personajes masculinos por uno femenino. Y todo se transforma. Ese es el impulso final que me faltaba. Esa es la diferencia entre Harry Potter y She-Ra. De repente los personajes femeninos ya no son “la chica”, “el otro” de Simone de Beauvoir. Y ese personaje masculino no tóxico que ya estaba en su sitio, termina de encajar totalmente. Y el giro que estaba dando la historia se completa, y ya no va de ganar, va de hacer lo correcto. Y descubro que eso es lo que quería contar, con esos personajes, con esa forma.

Ahora solo necesito ir terminando cosas, y encontrar el tiempo para escribirlo, claro.

J.

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