Sobre el machismo en la Saga de la Ciudad (Vol II)

Aviso, detalles de trasfondo. Voy a hablar sobre todo de temas y personajes más que de situaciones concretas, pero si eres de las personas que quieren que todo sea una sorpresa, mejor vuelve por aquí cuando te hayas terminado el libro.

Y así llegamos a la segunda parte de la historia, llegamos a Lucian y a Siiri, y a un momento en el cual yo ya era consciente de la capa base de machismo de mi historia y de mis personajes. Con lo cual, el diseño en tres partes inicial (magia wicca y ceremonial, magia satánica y del caos, y ásatrú), pensado para visibilizar esos tres enfoques de la magia moderna y el neopaganismo, de repente recibe una bofetada en plena cara que me lleva a replantearme muchas cosas. Y entran nuevos enfoques, y nuevos temas, y se me hace imprescindible hablar de lo que he estado viviendo en ese periodo.

Por un lado, aunque ya estaba planteado inicialmente, se rompe de forma más clara con la heteronorma de los personajes. Como buen satanista, Lucian no acepta reglas morales externas, y por lo tanto nunca se cuestiona su bisexualidad. Además, no es monógamo y practica sexualidades no convencionales (he escrito “es kink”, lo he borrado, lo he cambiado por “es BDSMero”, y al final se queda así). Pero dentro de eso sigue presentando parte de esa masculinidad tóxica, con el complejo de salvador y su dosis de superioridad y mansplaining.

Pero, aunque ese aspecto del machismo se haga explícito en el libro, mi principal necesidad era hacer visible todo lo negativo de la masculinidad tóxica que representa Sombra, y para eso era imprescindible la llegada de Siiri. Cuando se incorpora su voz narrativa, eso me permite contrastarla con la de Sombra y de ese modo reflejar todo lo destructor que puede ser el amor romántico, y lo fácil que es para él hacer un ghosting de manual y después idealizar lo sucedido. Sólo cuando eres capaz de escuchar realmente y entender a la persona que tienes enfrente, puedes comprender la gravedad de tus acciones. Y de eso va en gran medida este volumen. Bajo la magia, bajo las reflexiones morales, quería hablar (y hablo) de la autoconciencia en las actitudes machistas, de la tendencia a dejarse llevar por un sistema patriarcal para sobrevivir, sin considerar que puede haber otras opciones (mi querida Jenna, de objeto en Sangre a coprotagonista en Carne). De aceptar nuestros errores y reconstruirnos tratando de superar la estructura patriarcal (ahí está esa Siiri independiente, poliamorosa y ásatrú).

¿Es este un libro feminista? No, o no en el sentido estricto. Pero es un libro que, aunque por cómo y cuándo lo diseñe no logra escapar a escenas o conceptos machistas, se esfuerza en resaltar su existencia, en señalar que son problemáticos en vez de pasar de puntillas sobre ellos o de hacer como que no existen, como que son lo “normal”. Y, si por giros del destino estos personajes (o los que queden vivos) regresasen en algún momento para compartir una nueva historia, os aseguro que habrán aprendido. Igual que yo.

J.

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