Sobre el machismo en la Saga de la Ciudad (vol I)

[Nota: no hay spoilers, pero si lees esto sin haber leído Sangre, indudablemente la interpretarás de otro modo. Lo cual a lo mejor es bueno]

El otro día decía de forma bastante informal que al revisar El Libro de Ivo había podido reducir su machismo en un 10%, lo cual queda gracioso pero tampoco aclara mucho. Así que, aprovechando que ya tenemos la Saga de la Ciudad completa en librerías, quiero hablaros no de lo que he cambiado, sino de lo que he aprendido entre el Volumen I y el Volumen II. Con lo cual, sin spoilers, vamos a hablar un poco de Sangre, centrándonos en los dos personajes masculinos que los recorren: Frank R. Schiolla y Sombra.

Empecemos por lo fácil, que es nuestro amigo Schiolla. ¿Por qué es machista este personaje? Pues porque es un pedazo de mierda andante que reúne todo lo evidentemente malo. Es despectivo, continuamente sexualiza y objetifica a las mujeres, el término consentimiento carece de sentido para él, y un largo etcétera. Pero no es una caricatura. De puertas a fuera puede parecer centrado, correcto, educado. Sólo cuando damos un paso dentro de su mente vemos que en realidad es incapaz de ver el mundo de ninguna otra forma. E insisto, no es una caricatura. Es un hombre como tantos otros, a los que si les dieran poder ilimitado se dedicarían a usarlo justo así. “Al fin tienes las Gemas del Infinito, Thanos. Todo el poder del universo. ¿Qué es lo primero que vas a hacer?” “Quiero ver a la Viuda Negra en bolas”. Pues eso. Es un personaje crudamente realista, pero que no aporta nada, salvo ese momento inquietante en el que te quizás te haga gracia, o creas que te cae bien. En ese instante deberían saltar todas las alarmas, porque esa es la triste realidad. Nos educan para reírnos de lo inaceptable, para quitarle importancia. Y ese es el machismo que tan bien representa Schiolla.

Y entonces pasamos a Sombra. El protagonista del segundo libro, el héroe que no quiere serlo, el reflexivo mago con continuas dudas morales que busca su camino. Hasta que analizamos su visión del mundo en lo relacionado con las mujeres. Y para ello hay que distanciarse, porque el segundo libro está escrito desde el punto de vista de Sombra, y esa es una de las cosas que he tratado de pulir, de resaltar un poco más en la revisión, para que después no haya sorpresas. Conocemos a Sombra por sus propios ojos, y a través de ellos es un nice guy total. Inseguro por culpa de su padre (o eso quiere creer, algo que, por cierto, comparte con Schiolla), se escuda en eso y en el autoconcepto que se ha creado para escapar de cualquier compromiso o responsabilidad emocional. De su primera relación seria huye como una rata sin avisar, y después (justificándose infinitamente y con mucha lástima de sí mismo) se esfuerza en poner carga romántica en relaciones sexuales que no implican ningún riesgo emocional ni cuidados (con prostitutas, vamos). Además, en lo sentimental/sexual tiene una capacidad prodigiosa para sentirse culpable por lo que considera que no es moral, pero no lo suficiente como para no hacerlo. No es un buen tío. No es un cabrón evidente. Es un tío tremendamente normal. Y eso implica que es machista, por supuesto.

Entonces, después de acabar El Libro de Sombra, podemos decir que el feminismo entró en mi vida para no marcharse, y fui consciente de quiénes eran mis personajes, de cómo eran. No iba a cambiarlos, no sólo porque las historias estaban empezando a ser publicadas, sino además porque era una oportunidad. La oportunidad de ir un paso más allá y poner en evidencia en el mundo narrativo lo que yo había aprendido en la realidad. Y entonces llegará Lucian (que no es ni blanco ni hetero); y Siiri, que nos dará la visión desde el otro lado, que hará que Sombra tenga que enfrentarse a los efectos de sus acciones que ha querido ignorar hasta este momento. Pero de esto seguiré hablando en la parte II, que si no la entrada va a quedarse enorme.

J.

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