El peso de la sangre (o por qué no va a haber otra Saga de la Ciudad)

El día ya casi está aquí. En más o menos una semana termina un viaje larguísimo, y que me ha dado alegrías, ilusión, felicidad, pero que también me ha llevado a lugares oscuros. Como Dante visitando los infiernos, voluntariamente he descendido a lo más despiadado y sangriento de lo que es capaz el ser humano, para después tratar de ascender. Y, para los que lleváis ya recorrida la primera mitad de la historia, he de deciros que Ivo no fue la parte más dura de este recorrido, ni mucho menos. Ahí el horror está en la superficie. La violencia sin mente, los conceptos haciéndose cuchillo y sangre. Fue más adelante cuando tuve que sumergirme hasta al fondo, cuando tuve que mirar en el abismo en el que el hombre se convierte a veces. Un poco en Sombra, pero sobre todo con Lucian. Ahí, cuando llevaba unos dos tercios de la novela, tuve que decir basta y parar. Porque, como decía Nietzche, el abismo empezaba a devolverme la mirada. Necesitaba salir de la oscuridad y volver a tener luz, a respirar. Paré, y escribí otra cosa hermosa y luminosa (más o menos), completamente alejada de la Ciudad. Y después tuve que reunir fuerzas y regresar para terminar la historia. Lo hice. Pero no tengo intención alguna de volver a descender a esas cavernas donde el reflejo del agua nos devuelve la terrible realidad de que los monstruos somos nosotros.

El ciclo ha concluido. Ya está terminado. Ya está listo. Y no pienso visitar de nuevo la Ciudad. Nunca. El peso de la sangre, su precio, es demasiado poderoso. Quería contar mi historia (una historia que, lo diré una vez más, se resume en una sola frase: los monstruos somos nosotros), y para ello tuve que dedicar más noches de la cuenta a dar vida a esos monstruos. A cómo sentían, deseaban, cómo se justificaban y normalizaban cualquier comportamiento inaceptable. La documentación me llevó de las noticias del mediodía a los informes de ONG, a crímenes de guerra, a la DeepWeb. Todo lo que vais a leer ya ha sucedido, ya está sucediendo, o puede llegar a suceder en cualquier momento. Todo lo que respecta a los monstruos.

Pero luego está la otra mitad de la historia. Lo que la impulsa. Lo que la mueve. Porque en la oscuridad más profunda es donde resulta más sencillo ver la luz. Y aparecen los héroes. Los que no saben cómo serlo. Los que no se atreven. Los que se equivocan. Mis queridos e imperfectos héroes. Y en ellos también la sangre se cobra su precio.

Una semana. Frank. Ivo. Sombra. Lucian Siiri. Es hora de saber cómo acaba todo. Para vosotros, es hora de volver a la Ciudad.

J.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.