El Libro de Ivo: cinco años después

Cinco años después, El Libro de Ivo está revisado de nuevo, y era necesario. Por distintos motivos. En primer lugar porque Ivo fue mi novela de aprendizaje, y se nota. Al principio tenía muy claro lo que quería contar, pero no tanto la forma, y poco a poco fui encontrando mi camino. En Sombra seguí experimentando y aprendiendo, pero ya no se nota tanto ese salto internamente. Y a partir de Lucian (es decir, en el Volumen II, Carne) estaba completamente cómodo y a gusto con mi voz narrativa. Así que mi primer objetivo al revisar Ivo era pulir todas esas aristas que me hacían daño a la vista, y había unas cuantas. Ha sido, además, un trabajo bastante artesanal, porque no he partido de las correcciones de Fantascy, sino que he tomado de nuevo el texto original y he ido revisando las modificaciones de los revisores, eliminando algunas, alterando otras, añadiendo más pequeños cambios. ¿Es un libro diferente? No, por supuesto que no. No hay escenas nuevas ni párrafos nuevos. Pero es distinto, sutilmente, como una edición remasterizada, no como un montaje del director. Y eso nos lleva al segundo punto.

Yo escribí El Libro de Ivo antes de leer a Despentes, antes de empezar a formarme sobre feminismo, y antes de comprender que mi modo de escribir estaba empapado de machismo. Toda esa sabiduría no pude empezar a aplicarla realmente hasta El Libro de Lucian, pero, sin cambiar trama ni personajes, sí me he tomado la licencia de corregir algún pequeño detalle especialmente aberrante en ese sentido, o de matizar ciertos comportamientos. Es lo bueno que tiene la visión de conjunto. Así que, mientras revisaba, me he encontrado un par de cosas muy de “male writer“, y he dicho, “Mira, no, Juan. Esto no vale”.

 Y estoy contento. En Insólita ya tienen todos los textos, tenemos unas portadas increíbles de Fran Mariscal, y probablemente en algún momento cercano tengamos idea de dónde y cuando vamos a presentar. Ahora lo que me queda es esperar un par de meses, y que estéis contentos también vosotros.

J.

PD: Y, en unos días, la última reflexión previa.

 

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