De inercia y cuotas

Creo que el punto de partida debería ser aceptar que, al empezar a escribir, siempre nos consideramos el centro del mundo. Y que, por lo tanto, todo lo que escribimos nos tiene como punto de referencia. Y eso no es ni bueno ni malo, es la simple necesidad de que al escribir, al fabular, de algo hay que partir. Así que cuando Carmen Laforet, con 23 años, nos cuenta en Nada una historia realista, la ambienta en los lugares y momentos que conoce. Porque es el único modo de hacerla realista. Y cuando nos lanzamos a una historia fantástica, la alimentamos de lo que somos o de lo que hemos visto y leído. Porque de algún lugar hay que partir.

Luego, por supuesto, aprendes a crear espacios propios, lugares propios, a no necesitar nada más y avanzar sobre el vacío, pero al principio las referencias son todo lo que tenemos. ¿Qué sucede entonces inevitablemente? Pues que nuestra visión es limitada y sesgada. Y descubres que en la historia de fantasía épica que acabas de escribir no hay nada más que un personaje femenino no porque seas un malvado misógino, sino porque toda la literatura que has leído hasta entonces presenta sólo personajes femeninos marginales y, si no te paras a pensarlo, no eres realmente consciente de lo absurdo que es eso. Sabes perfectamente que en cuanto sales a la calle la mitad del mundo son mujeres. Que tu jefa de departamento es mujer, y tu doctora, y la contable que te hace la declaración de Hacienda. Pero de un extraño modo automático, te sale “el campesino, el posadero, el mendigo”. Porque es lo que has leído.

Y a lo mejor te lo dicen. Alguien dice “es que no hay mujeres”. Y entonces la respuesta estándar suele ser ponerse a la defensiva. Buscar extrañas justificaciones (“es que el medievo era así. Pero con dragones”), plantear giros, rechazar que tengan una obligación de hacer nada… Pero es que eso no cambia las realidades, ni tampoco implica una mala intención por parte de la persona que creó la obra. Actuamos por inercia, y la inercia tiene la maldita tendencia a que, si no pones una fuerza en sentido opuesto, se mantiene. “Tu obra sólo presenta personajes femeninos cliché/no incluye personajes LGTB/sólo salen perros” puede decirse a modo de juicio o no, a modo de crítica o no, pero al final viene a ser algo objetivo. “Es que siempre sacas perros pero nunca gatos. ¿Odias a los gatos?” es una correlación absurda (aunque luego pueda ser verdad, pero eso es otra cosa completamente diferente). Pero en cualquier caso no invalida que no saques gatos. ¿Tienes que sacarlos? No. ¿En el mundo sólo hay perros? Tampoco. Venga, sigamos con preguntas retóricas. ¿Tienen los escritores y las escritoras una responsabilidad social? No, si no deciden tenerla. ¿Se les puede exigir que escriban de cierto modo? Tampoco.

Ahora vamos a la dura autorrevisión. Voy a decirlo una vez más: El Libro de Ivo es machista. ¿Por qué? Porque no era consciente de que lo era hasta después de escribirlo. Y lo mismo viene a pasarle a El Libro de Sombra, aunque quizás un poco menos. Son productos de la persona que yo era en ese momento. El Libro de Lucian no lo es, ni El Libro de Siiri tampoco, o al menos puedo asegurar que me he esforzado en que no lo sean. Tenía claro desde el principio que quería presentar diversidad en estilos de magia, diferentes nacionalidades y etnias, que uno de los protagonistas no iba a ser heterosexual, que no todos los personajes iban a ser monógamos, pero en ese diseño inicial tan genial no fui consciente de los arquetipos femeninos que estaban colándose alegremente.

Otro ejemplo. En esa genialidad del diseño de juegos de mesa en la que estoy enfrascado ahora, con todo el amor de Devir, y que un mes de estos podréis disfrutar, me di cuenta de repente de que todos los personajes secundarios que estaba poniendo eran masculinos, por defecto. Sin planteármelo. Y sin ningún sentido, porque no afectaba en absoluto al desarrollo que fuesen personajes masculinos o femeninos. ¿Qué hice? Reescribir para equilibrar. De nuevo, la inercia.

¿Y quién será el personaje protagonista de mi próximo novela, si es que algún día encuentro tiempo para empezar a escribirla? Pues probablemente una mujer, y probablemente haya menos protagonistas heterosexuales que no heterosexuales. ¿Y por qué? ¿Porque estoy vendido a las cuotas y a las presiones de las minorías? ¿Me he vuelto víctima del lobby LGTB? ¿Estoy buscando lectores arcoiris o cualquier otra barbaridad que quiera decirse? Habría dos respuestas a esto. La primera es que a lo mejor mi realidad es diferente a la vuestra. La segunda, que es la más importante creo yo, es porque me apetece. Pero esta respuesta tan genial y tan válida para lo que queramos escribir, recordemos, no invalidad la realidad de lo que hemos escrito.

J.

One thought on “De inercia y cuotas

  1. La imaginación lo es todo,es verdad que las mujeres es,con inercia,lo que vendría como primer elemento para pensar en la narración,pero si se olvidan los cánones establecidos y superestablecidos por doquier,habría que pensar en personajes,en ritmo,en m narración en sí y todo lo demás.Patricia Rivera.

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