Va uno, quedan dos (construyendo el Libro de Siiri)

Siempre he sido muy ordenado a la hora de escribir. Primero creo un índice de capítulos, con su título y la explicación de lo que va a suceder en cada uno, y después empiezo la tarea teniendo en cuenta cuántas palabras quiero que tenga cada capítulo. Así que para mí no es “estoy escribiendo una novela”, sino “estoy escribiendo una novela con treinta capítulos y 90.000 palabras”. Después eso se va repartiendo en los momentos de escritura, que normalmente han sido dos noches a la semana, un par de horas. Pero no este verano.

Este verano he dado la vuelta a todos los horarios y estoy logrando algo que no había sucedido nunca: escribir todos los días. ¿Por qué? Porque la historia necesita ser terminada (son cinco años ya metido en la Ciudad), y porque me apetece terminarla. Hoy he completado la primera parte (tres partes de diez capítulos. Sí, es posible que sea un poco maniático controlador). Y quedan dos. Mil quinientas palabras al día, dos días por capítulo, cuarenta días para acabar el borrador alfa, con tres o cuatro días que no escribiré porque es verano, al fin y al cabo, y el madrugar tiene un límite :-).

Así que aquí sigo. Sin editorial, sin fecha de entrega, escribiendo lo que me da la gana como me da la gana, y viendo cómo todas las piezas que he ido diseminando durante tres libros y más de mil páginas van encajando a la perfección. Vuelvo a repetir la pregunta: ¿por qué estoy escribiendo todos los días? Porque lo estoy disfrutando como nunca.

Nos vemos al final de la segunda parte :-).

Llegando al coraźon de El Libro de Siiri

J.

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