Vamos a acabar lo que hemos empezado

leaf-1466038_1280

Hora de acabar lo que se empieza. Hoy he comenzado a escribir la cuarta y última parte de la Saga de la Ciudad. Que en realidad no es la cuarta parte, sino la segunda mitad de la tercera. Para que se entienda: era joven e inocente, y planifiqué una historia en tres partes. Pero como era joven e inocente en mi planificación me salía una primera parte de unas 400 páginas, una segunda de 500, y una tercera de unas 900, dividida en dos mitades claramente diferenciadas. Así que mi agente, que era casi igual de joven que yo pero por fortuna mucho menos inocente, me dijo que lo separara en dos partes. Y por ello la Saga de la Ciudad pasó a ser una tetralogía. Lo que sucede es que la vida tiene extrañas formas de (des)encarrilar las cosas, y ahora de nuevo es una trilogía. Una de las pocas consecuencias buenas de quedarte sin editorial a mitad de la historia: puedes reorganizar lo que tenías planificado con toda la calma del mundo.

El último año ha sido muy cansado desde el punto de vista de la publicación. Cansado, decepcionante, triste. Porque ha conllevado inevitablemente aceptar la realidad del proceso de editar aquí. Y esa decepción es una sensación personal, pero también ampliamente compartida. Porque las cuentas no cuadran, así de simple. El tiempo y esfuerzo invertido es desproporcionado respecto a los beneficios. En el mundo real, cuando eso sucede aceptas que lo que intentas no es viable, y cierras el negocio. O bien pasas a considerarlo un hobby, de hecho un hobby carísimo (si no en dinero, al menos en tiempo), y lo vives como tal. Lo intentas vivir como tal, porque un hobby no debería ser cansado, frustrante ni fuente de decepciones y falta de sueño.

La conclusión que saco, y que tengo muy clara en este momento, es que escribir no me vale la pena. Aquí y ahora, con la cantidad de personas y personitas a las que querer, con la cantidad de tiempo que me exige dar forma a una novela, con la cantidad de juegos que tengo en Steam, escribir no me vale la pena. Hay muchísimas otras cosas que me proporcionan la misma satisfacción, y hasta más, y que tampoco me sacan de pobre. Así que, siendo lógico, crear novelas debe ser sólo un hobby entre otros hobbies. Pero aquí estoy. Porque comencé El Libro de Ivo escribiendo que hay cosas que deben ser contadas, y sigo pensándolo. Hay cosas que deben ser contadas. Y La Saga de la Ciudad es una de ellas, una que sólo yo puedo contar. Así que voy a acabar lo empezado. En unos meses la tercera parte (o tercera y cuarta si se prefiere) estará terminada, y mi Agente hará lo posible y lo imposible porque vea la luz en papel; y si no la verá en digital.

Y después de eso yo veré crecer a mis niñas, y atardeceres en la playa, o duplicaré las horas de juego que llevo en los Borderlands, o a lo mejor hasta escribo de vez en cuando. Pero mi prioridad y mi compromiso con lo literario concluyen ahí. Por lo demás, y dado que no sé cuándo llegará otra historia o si llegará, lo que sí os puedo asegurar a los que me habéis leído es que voy a hacer todo lo posible para que el final de esta aventura sea acojonante. A la altura de lo que se espera de las Casas de la Carne.

J.

Deja un comentario