Trance y tensión

Trance y tensión son para mí dos palabras que van unidas íntimamente al acto de escribir. La primera tiene que ver con cómo escribo, y creo que está relacionada con mi pasado como escritor de poesía y el proceso de la sublimación artística. El hecho es que yo tengo muy poco tiempo para escribir. Treinta y cinco horas semanales de profe (o más según la época) y entre cuatro y seis horas de escritor. Pero a mí esas pocas horas me salvan la vida. Y ahí es donde entra el trance. El awen del escritor. Ese momento en el que empiezo a teclear, y ya no estoy, ya sólo está la historia, y de repente soy consciente de nuevo del teclado y la pantalla, y han pasado dos horas y el mundo me reclama. Y vuelvo descansado, y con la mente tranquila y el espíritu sereno. Escribir como una huida a un espacio de sanación lleno de historias.

El trance como puerta a otros mundos

Y luego está la tensión. La tensión es cuando una historia de repente aparece. En forma de semilla, de imagen, de idea, de lugar, de personaje. Y me clava las raíces en el estómago, y empieza a aparecer una y otra vez en mi mente. Se escurre por todas partes, me insiste, me grita, me empuja, y me asegura que no piensa irse hasta que tome forma. Yo no elijo la siguiente historia que voy a contar. Las historias me saltan a la garganta. Por eso me cuesta tanto escribir relatos, porque no puedo ponerme a pensarlos realmente. Tengo que esperar a que uno cruce y cazarlo al vuelo. Pero las novelas me escriben a mí. Ahora, terminada otra pequeña historia que inevitablemente tenía que escribir, la siguiente gran historia reclama su turno. Lo esperará pacientemente a que la Saga de la Ciudad esté concluida, pero mientras exige ir ahondando con sus raíces. Leer, estudiar, pensar, esbozar ideas. En algún momento de los próximos meses las raíces habrán crecido lo suficiente, y yo tendré un guión completo de la siguiente novela, que ya sí podrá esperar el tiempo necesario, porque sé que en cuanto haya tiempo la historia tomará su forma definitiva, porque ya la tengo escrita en mi interior. Y entonces volveremos al trance.

La tensión como impulso para crear nuevos trances

Eso para mí es escribir. Y de momento me sirve.

J.

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