La victoria está en la inacción – relato de cumpleaños

Lo malo de hacer algo que gusta es que te sientes después en la obligación de repetirlo. El año pasado, por mi cumpleaños, publiqué aquí mi relato Capas Rojas. Releído, está claro que necesito darle un repaso. Pero centrémonos. Feliz cumpleaños. Este año os traigo otra idea completamente diferente a la del año pasado, en forma de relato breve. Espero que os guste :-).

La victoria esta en la inacción - relato

La victoria está en la inacción

Al final muero. En todos los finales. En el más probable, en el que llego más lejos, no me mata Kravic directamente, pero él está presente cuando el equipo de asalto de las Fuerzas Especiales entra en la cabaña. Y a partir de ese momento ya no hay opciones. Están en la puerta, en la ventana del dormitorio, en la ventana del cuarto de baño. Incluso hay dos hombres más en el tejado, y todos tienen órdenes de disparar a matar en cuando me vean. Me he convertido en el hombre más peligroso, en el terrorista más buscado. Así que al final muero.

Esa misma mañana he conseguido finalmente modular los implantes para estar a la altura de Kravic, pero es inútil. En realidad no era un problema complejo, pero necesitaba tiempo para poder analizar el diseño. La intuición cuántica es tan parecida a un ordenador procesando información que puede utilizarse su funcionamiento como ejemplo. Un ordenador jugando al ajedrez. Las opciones son aparentemente infinitas, pero en realidad limitadas. Lo que sucede es que el ordenador debe seguir todas las opciones posibles desde cada bifurcación antes de poder decidir cuál será la mejor, y eso es un proceso que puede extenderse hasta el infinitivo. Por ello sólo hay dos opciones: o le damos al ordenador más tiempo para decidir su jugada, o aumentamos su capacidad de procesamiento para que pueda hacer más cálculos en menos tiempo. Y yo he estado centrando todos mis esfuerzos en acelerar el proceso, pero no es eso lo que hizo Kravic. Lo que hizo fue darse más tiempo en cada intuición cuántica. Supongo que ha creado algún tipo de interruptor en los implantes, con lo cual cuando quiere se detiene, desconecta la sinapsis natural y deja que la intuición cuántica avance hacia el futuro todo el tiempo que le haga falta. Y por eso él ya sabe que yo ya lo sé, y que yo lo sepa no me sirve de nada.

Para llegar hasta esta conclusión he necesitado tiempo y calma. Por eso alquilé la cabaña en la zona sur del lago helado. Por eso cogí todos los datos que había logrado salvar y el equipo que había escondido en casa lo más rápido posible y conduje sin parar once horas. Tenía que ser esta cabaña. Si hubiese elegido una del norte del lago, al conectar todo el equipo habría saltado la instalación eléctrica y el encargado me habría descubierto, avisando a la policía, pero aquí puedo aprovechar el aparcamiento de caravanas que hay justo al lado para traer tomas de corriente adicionales. No hay más turistas aquí en estas fechas, con lo cual nadie va a verlo.

Todo esto ha sido posible porque he dado un nombre falso en la agencia de viajes y he pagado la cabaña en efectivo, con el coche cargado de trastos aparcado delante, como si fuese ha hacer un rastrillo informático. Nadie puede imaginar que llevo material por valor de casi medio millón de dólares en él. Si lo hubiese intentado ocultar para transportarlo, tapándolo con lonas o algo así, un coche patrulla me habría parado tres horas después por una alerta indefinida de “varón de aspecto sospechoso con un coche cargado” saliendo de la ciudad. Pero llevo todo tan a la vista que nadie piensa que pueda ser la persona que están buscando.

Todo mi plan se tenido que acelerar porque Kravic ha logrado el apoyo de la Agencia, y les ha convencido oficialmente de que soy el malo, el criminal, el terrorista. La palabra que utiliza es traidor, y se propaga como un incendio, aunque no llego a entender cómo lo ha conseguido. Así que ahora hay un precio puesto a mi cabeza, o lo habrá en breve. Aún así tenía que robar el material del laboratorio de todos modos para intentar ponerme a su altura, solo que ahora debo hacerlo en un tiempo récord, exponiéndome. Si espero a la noche habrán cambiado las claves de acceso al módulo de investigación. Así que tengo que entrar por la puerta, sin más, en el momento en el que el guardia va a almorzar, justo unos minutos antes de que llegue el aviso de la Agencia. Tengo que desconectar un montón de equipo y cargarlo en la carretilla, dando tres viajes hasta el coche que me dejan resoplando y cubierto en sudor.

Kravic va por delante de mis percepciones. Es la única opción posible, el único modo de explicar que todo esté fallando. De alguna forma su intuición cuántica se extiende más lejos que la mía, y es capaz de prever las cosas que yo aún no he alcanzado. Lo cual implica que en la situación actual ganará siempre, a menos que yo consiga también mejorar mis implantes y ponerme a su altura. Y aún así él ya debe saber que yo decidiré hacer ese movimiento, con lo cual estará llevando a cabo las maniobras necesarias para impedírmelo, una vez más.

Pero nada de esto sería necesario si hubiese logrado entregar el informe a la prensa. Reescribo los datos, los hago inteligibles por personas no especializadas e incluso los imprimo, para que puedan echarles un vistazo además de tener los archivos. Y de algún modo Kravic se me adelanta una vez más. Esta vez es él en persona, aguardándome en la puerta del periódico que he elegido, sentado tranquilamente con una revista que ni siquiera finge leer. Si me acerco, me disparará. Si intento evitarle lograré noquearle, pero los de seguridad me detendrán y de algún modo Kravic logrará acabar conmigo durante la custodia policial. Con lo cual doy marcha atrás y me pierdo entre la gente antes de que me vea.

Y sin embargo la prensa es la segunda opción, la única alternativa una vez que descubro que ya no hay forma de hacerle llegar la información al General, sencillamente porque está muerto. Un choque anafiláctico, provocado por Kravic al introducir un alérgeno mutado en su café durante la reunión que han tenido. El General no creyó a Kravic, por supuesto. Llevamos demasiados años trabajando juntos como para que pueda aceptar cualquier historia de una traición por mi parte, pero Kravic ya sabía que no le creería y se limitó a aprovechar ese enfado y desconcierto para deslizarle un veneno indetectable en el café. Con lo cual yo tengo todos los datos y nadie a quien entregárselos.

Si pudiera evitar la destrucción de los archivos todo habría sido diferente, pero es una carrera de velocidad terrible, con Kravic borrando un servidor tras otro mientras yo me esfuerzo por descargar todo lo que puedo. Es metódico y efectivo, porque está trabajando desde el laboratorio, mientras que yo peleo desde casa, con las limitaciones de mi acceso remoto. Salvo apenas lo suficiente para defender la verdad frente a la burda historia que ha empezado a difundir, pero será completamente inútil si no consigo que alcance a las personas adecuadas.

Y todo el mundo está creyendo la historia de Kravic. Hasta mis colaboradores más antiguos. No sé cómo lo está planteando, pero la versión del fraude, de mi intento premeditado de dedicar una enorme cantidad de fondos a una investigación que estaba destinada al fracaso, está calando de algún modo, extendiéndose como un virus. Nadie me lo dice a la cara, pero las miradas tensas, las conversaciones que se detienen cuando entro, me lo confirman. Lo más absurdo, lo más desconcertante, es que los datos defienden mi versión, que no es mi versión, que es la realidad. Con lo cual el único modo que tiene Kravic de mantener su absurda farsa es borrar esos datos, así que debo apresurarme para impedírselo.

Porque el experimento ha sido un éxito por segunda vez. Solos en el laboratorio, Kravic lo reconoce, con esa mirada de desconcierto, de éxtasis, que tan bien comprendo porque yo también la he tenido. La intuición cuántica no es un fenómeno aislado: si hemos logrado repetir de nuevo el proceso con él, eso significa que finalmente lo hemos conseguido. La capacidad de ver el futuro, de explorar las posibilidades es parte ya del arsenal de la ciencia. A partir de ahora todo será diferente.

Pero sólo nos hemos decidido a replicar el experimento con Kravic tras modificar los implantes. Ese es su campo principal. Yo me encargo de supervisar el diseño biológico y él el cibernético. Ha alterado ciertos elementos para que la modificación pueda mantenerse de forma indefinida, y mis percepciones confirman que ha sido un éxito. Ahora la intuición cuántica no es un destello, es un estado permanente que me acompaña, una compleja sucesión de posibilidades que se abre ante mí a cada momento, y que me permite elegir la opción más acertada, descartando las otras sencillamente porque sé cual va a ser su resultado. Ahora estamos preparados para seguir avanzando.

El primer intento fue un éxito, pero un éxito breve. El implante permite alterar la sinapsis cerebral, pero no mantenerla. La intuición cuántica estalla en mi mente mientras estoy tumbado en la camilla y todos observan desde el otro lado del cristal. Había que hacerlo ahora, había que saltarse los protocolos, y yo, como director del experimento, soy el que debe servir de cobaya, es lo único justo. Y ahí tumbado, con la mezcla de psicofármacos recorriendo mi cerebro mientras los implantes tratan de permitirme encauzar todos los futuros posibles que se abren ante mí, lo entiendo. Lo veo todo, desde el principio hasta el final, mucho más allá del alcance que esperábamos. No el futuro cercano, no el futuro a medio plazo. Fruto sin lugar a dudas de una dosis excesiva, la intuición cuántica me permite verlo todo. Todo. Y como lo veo todo comprendo que al final siempre voy a perder, haga lo que haga. Que conocer el futuro no me salva de ser derrotado. Así que no hago nada. Me levantaré y diré que el experimento ha sido un fracaso, y todo se cancelará. Y Kravic habrá perdido antes de empezar a moverse, antes de llegar a saber que íbamos a enfrentarnos. La victoria está en la inacción. Indico que desconecten. Y olvido todo lo que he visto.

Juan Cuadra

Alhaurín de la Torre, Diciembre 2015

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