Dispersión literaria

Mientras el mundo real me agobia con todos los preparativos para comenzar el curso este martes, llevo unos días de total esquizofrenia literaria. El Libro de Sombra está casi listo para ir a imprenta, ayer terminé las últimas revisiones de Liquorice y, con el tercio final de El Libro de Lucian esperándome, estoy tomando las primeras notas de lo que vendrá después, que será una vez más algo distinto. Y estoy bien. Disperso pero bien. Al final tengo claro que para mí lo importante es contar historias, y que hay muchas historias que quiero contar, que puedo contar, y no todas son del mismo modo, ni van dirigidas al mismo público. Entonces, ¿por qué es esto Las Casas de la Carne? ¿Podrá dejar de serlo algún día y convertirse en la Casa del Regaliz? No, no creo. Porque el horror es necesario. Más que los otros géneros. Porque hay mucho y bueno de juvenil, de Ci-Fi, de fantástico en general, pero de horror seguimos escasos (entendiendo horror como yo lo entiendo, con magia y sangre y sexo y mundos que se cruzan, como me enseñó el señor Barker). Me queda por escribir un libro y un tercio de la Saga de la Ciudad. Y después de eso habrá una pausa importante. Hasta que llegue otra historia que haya que contar en clave de horror. Hasta que haya otro pozo de cieno que sea necesario sacar a la luz. Y no importa. Las Casas de la Carne aguardarán sin prisa a que llegue el momento de abrir sus puertas de nuevo. Mientras, seguiré avanzando firme y errático por mi dispersión.

J.

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