Caminos nuevos, caminos conocidos

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Estas semanas están siendo un punto de inflexión. Por un lado terminar el borrador de Liquorice, y comprobar que es legible y que se lo puedo enseñar a personas que no vivan en mi casa para saber su opinión. Por otro, terminar Liquorice implica retomar El Libro de Lucian, lo cual quiere decir que se acabaron las verdes colinas onduladas y que me toca meterme de nuevo hasta el cuello en fango, vísceras y heces. Y ya tenía ganas, no voy a decir lo contrario. Punto de inflexión porque entre el fin de semana pasado en la Feria del Libro de Málaga y este en la de Sevilla es el momento casi definitivo de dejar de hablar de Ivo y empezar a hablar de Sombra (portada inminente, con todo lo amplio que puede ser algo inminente). Punto de inflexión además porque de nuevo voy a tener muy poco tiempo para leer, y aún me queda El Rito pendiente, y El misterio de la caja Bethel (pero en este último caso casi mejor, porque el formato de folletín amenaza con acabar con mis nervios :-p), y dentro de nada sale Justicia Auxiliar en español, y todo lo último de Valdemar Insomnia tiene una pinta increíble. Qué dura es la vida.

En unos días estaré por lo tanto de nuevo enfrascado en la Ciudad, esperando que la gente que sabe (mi Dark Agent la primera) me diga si Liquorice puede ir a algún sitio o no, y sin preocuparme en absoluto, porque es un libro (librito) que escribí como descanso navideño de una historia que se me estaba volviendo demasiado oscura. O mejor dicho, que tenía el tono adecuado de oscuridad, pero en la cual empezaba a a faltarme a mí el aire como escritor. Ahora tengo los pulmones repletos, y un tercio de Lucian por delante. Lo cual quiere decir que estará terminado a tiempo, para comienzos del 2016. Y que 2016 será el año de acompañar a Siiri, y terminar de escribir la historia. Quizás con unas vacaciones en Liquorice en medio, quizás no.

Todo sigue en movimiento, en cualquier caso. Y eso siempre es genial.

J.

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