Sangre, violencia y detalles (La Corte de los Espejos)

Hablemos de violencia. De un mundo donde las posibilidades de llegar a viejo son más bien escasas, y donde las armas y la magia son igual de salvajes. Hablemos de una trampa mágica que hace que un árbol crezca en un instante, atravesando a un pobre desgraciado hasta que sólo quedan jirones de piel colgando de las ramas. Hablemos de matar para hacerse con las almas de los muertos y utilizarlas como esclavas. De brutales enfrentamientos que dejan calles o pantanos llenos de cadáveres. De asesinos de niños. Sí podemos hablar de todo eso.

O podemos hablar de sexo. Podemos hablar de un prostíbulo enorme, donde todos los deseos pueden ser saciados. Podemos hablar de criaturas capaces de dejar reducido a cualquiera a una masa balbuceante poseída por el deseo e incapaz de pensar. Personajes que, como adultos que son, viven, aman y follan. También podemos hablar de eso, sí.

Y, finalmente, podemos hablar de violencia sexual. De una sociedad entera basada en parideros, lugares donde las prisioneras y esclavas son violadas por un precio módico, y obligadas a tener los niños frutos de esa violación, y vueltas a violar en un ciclo que sólo acaba en la muerte. Podemos hablar de torturas, sí, si tienes suficiente mala suerte, y que violarte no cueste nada, sea un castigo en el que mientras todo el que lo desea va abusando de ti te van desollando lentamente, entre huesos rotos y dolor, tanto como para que la única forma de resistirlo sea huir a tu interior, a tus recuerdos. Si tienes suerte.

La Corte de los EspejosPodríamos hablar de todo eso, y me diréis que se hace evidente que La Saga de la Ciudad sigue en marcha y a buen ritmo. Lo que pasa es que todo eso no es de una novela de horror. Todo eso es de una novela de fantasía. Y en La Corte de los Espejos Concha Perea introduce todas esas cosas en la historia, y los adolescentes lo leen encantados, y nadie se plantea que no sea una novela que puede gustar a cualquiera. Pero claro, El Libro de Ivo es muy fuerte. Poniendo la balanza, yo diría que estamos a la par en todos los campos. ¿Dónde está la diferencia entonces? Dicen los anglosajones que The Devil is in the detail,el diablo está en los detalles. Y esa es en realidad la única diferencia. Ella escribe fantasía adulta, porque esas cosas pasan (porque el ser humano es capaz de todo eso, y los seres fantásticos por extensión también) y forman parte de la historia. Pero yo escribo horror porque en mis historias esas cosas no pasan simplemente, esas cosas se detallan. Porque ese es mi compromiso: si escribo una historia en clave de horror voy a contarlo todo. Y si es una historia cruel, sexual, violenta, habrá que detallar eso también.

Durante el Realismo y el Naturalismo, los lectores se escandalizaban por la descripción detallada de la vida de las clases bajas. Porque el escritor tuviese la desvergüenza de narrar un parto. Porque Madame Bovary muere de un modo lento, agónico y doloros. ¿Por qué aportar esos detalles? ¿Por qué no pasar rápidamente o de puntillas? Porque el compromiso realista era ese. Y Concha Perea nos cuenta una historia genial llena de atrocidades, pero como nos las cuenta ligeramente desde lejos, lo suficientemente desenfocadas, no importa. Pero cuando yo vengo de mierda hasta las cejas después de leer informes de lo que la gente, nosotros, hace en las zonas de guerra, lo que sucede cuando no hay consecuencias, y lo mezclo con una historia de fantasía, y doy detalles, entonces de repente estoy acercando demasiado el objetivo. Ya no es agradable. Ya no podemos pasar de puntillas por el concepto.

Duluth-lynching-postcardNo nos engañemos. El horror como forma narrativa, tal como yo lo entiendo, no resulta incómodo porque haya muerte y violencia. Resulta incómodo porque nos narra eso de un modo realista, detallado. Es muy guay aceptar la violencia en esas películas en las que los malos van cayendo a espadazos sin que salga una gota de sangre. Indiana Jones no es mala gente aunque mate a sangre fría y sin darle más importancia. Pero es que la gente no se muere así. Es que no es un malo neutro que cae. Es una persona que muere, con más o menos dolor y sufrimiento. Del mismo modo que la violencia sexual prácticamente siempre es ejercida contra las mujeres, y es ejercida en todo el mundo, todo el tiempo. Yo no cargo las tintas en ese sentido, yo reflejo la realidad.

Resumiendo. La Corte de los Espejos es genial. Realmente genial. Concha Perea ha contado una historia que me encanta por muchas cosas, y en la que no duda en incluir todo los elementos necesarios para crear ese mundo adulto (violencia, sexo, violencia sexual), pero con la distancia suficiente como para que no incomode. O no incomode si no te paras a pensarlo, y como es una novela de aventuras no hay que pararse a pensarlo. La Saga de la Ciudad no puede ser así. Porque si la idea central es que en potencia todos podemos ser capaces de casi cualquier cosa, hay que acercar la cámara, no podemos apartar la mirada. Por eso es una historia de horror, por eso no es una historia para todo el mundo. Por eso a veces me canso, me agoto, y necesito quitarme el fango y la sangre seca de la mirada, y escribir otras cosas. Y, cuando se cierre la Saga, no creo que vuelva a escribir nada tan duro en unos años. Alejaré un poco la imagen, desenfocaré un poco los detalles. Probablemente. Pero mientras aún me quedan unos cuantos años con sangre hasta los codos. Nos vemos en TerraLinde. O en las Casas de la Carne. En el fondo no somos tan distintos. En los detalles, sí.

J.

Blood

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