Cura de humildad (reflexiones de escritor novato)

Tras cuatro meses de la publicación de El libro de Ivo, creo que ya voy aceptando con lentitud lo evidente. Primero, que no va a interesarle a todo el mundo. Y segundo, que no va a gustar ni siquiera a todos a los que se interesen por él. Digo que es evidente porque escribir para todos es escribir para nadie; y porque yo decidí estrenarme con el horror. Un género tan mayoritario, en el cuál yo pretendía (pretendo :-p) llegar a ser tan conocido como mi gran referente, Clive Barker. Que, a su vez, es un tío tan famoso que prácticamente nadie de la gente “normal” con la que trato tiene la menor idea de quién es. En realidad, visto así, estoy consiguiendo mi objetivo: soy igual de desconocido que Barker en España. Un poquito más, de hecho.

Retomando el hilo, yo empecé esta andadura hace cuatro meses con expectativas de estrella del rock, sin lugar a dudas. Porque tenía un libro apañado, una editorial grande, una agente oscura y el sello de aprobación del Librero del Mal. Creo que empecé a ser consciente de la realidad en la cena de después de la presentación en Gigamesh, en conversación con todas las personas geniales que me acompañaron. No recuerdo exactamente qué dijo Ricard Ruiz Garzón, probablemente fue una sucesión de ideas, pero lo esencial para mí fue que comprendí con total naturalidad que yo no iba a ser rico y famoso por mis libros. No aquí en España, probablemente en ninguna parte. Y que tampoco importaba tanto.

Cuatro meses después de El libro de Ivo, a la espera aún de poderos decir algo de El libro de Sombra, tengo perfectamente claro lo que ha cambiado en mi interior, lo que ha encajado. No escribo para hacerme rico. No quiero escribir pensando en qué puede dar dinero y qué no. Quiero escribir las historias que me apetece contar. Y mi misión es escribir buenas historias, simplemente. Y la misión de mi agente encontrar la mejor editorial posible. Y yo seguir escribiendo. Algunas tendrán éxito, otras menos.  Y quizás algún día escriba algo que guste mucho y a mucha gente. Y quizás no. Pero habré contado mis historias, y lo habré hecho del mejor modo posible.

Y tal vez, sólo tal vez, en algún momento alguien decida escribir porque leyó mis libros de joven, y haga un libro lleno de magia y sangre y sexo. Y simplemente si eso pasase, ya habría valido la pena todo mi esfuerzo. Supongo que ni siquiera siendo escritor puedo dejar de sentir como un profesor. O simplemente me gustaría poder devolverle al mundo lo que el mundo me ha dado.

Caja, por Mara Bermejo
Caja, por Mara Bermejo

J.

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