Segundas novelas y otras cosas que dan mucho miedo

Astronaut Eugene Cernan salutes deployed U.S. flag on lunar surface

Acabas la primera novela, y ahí estás, en la cima, como un escalador que corona el Everest, como un astronauta alcanzando un mundo lejano, pero en realidad con un pie encima de la silla y el otro en la mesa, al lado del portátil y casi cargándote el ratón. O, si se prefiere, acabas la primera novela buena, esa que sí es publicable, y entonces sí, conquistador del mundo en pose heroica, o al menos como Sin-chan haciendo de Ultrahéroe. Y entonces vienen los problemas. Porque con la primera novela publicada adquieres una responsabilidad y un peso que no tenías antes, creas unas expectativas. Ahora hay que hacer una segunda novela, que tiene que ser igual de buena que la primera, a ser posible mejor. Porque al escribir se aprende, porque el único modo de mejorar la escritura es escribiendo (o al menos es parte imprescindible de ese proceso de escritura). Con mis tiernos dieciocho años escribí una obra de teatro en verso en tres actos. El primer acto tenía una rima bastante facilona, el segundo una rima mejorable, y el tercero ya una rima aceptable y bastante fluidez. El proceso de aprendizaje perfectamente ilustrado.

Yo aprendí un montón escribiendo El libro de Ivo. Aprendí sobre lo que quería escribir, y sobre cómo quería escribirlo. Y eso se nota, se nota mucho cuando lo pones al lado de la segunda parte. Lo que pasa es que para mí El libro de Sombra no es una segunda novela, es la segunda parte de la misma novela. Y El libro de Lucian la tercera y penúltima parte. No noto un salto, ni una presión como la que he comentado antes. Si fuera una serie, Ivo sería el piloto, con sus defectos y sus aciertos, y a partir de ahí ya se endereza el rumbo para contar la historia que quiero contar sin (o con menos) errores de novato. Y cuando llegue Siiri, será el fin de la serie. Punto y aparte.

Option - Bill Ohl

Y sin embargo, como la tarea se extiende tanto en el tiempo y el proceso de publicar va tan despacio, hay lugar para otras cosas. Y en eso estoy, con permiso de mi oscura y estupenda agente (y probablemente con El Librero del Mal odiándome por ello :-p). Estoy con mi segunda novela. Que es una historia distinta, en un mundo distinto, con un enfoque distinto. Y eso da mucho miedo, muchísimo miedo. Porque hay que aprender reglas nuevas y técnicas nuevas, y al final quizás descubra que mi primera novela si era publicable, pero la segunda no. Al fin y al cabo no importa tanto, porque son unas vacaciones de la Ciudad (y sí que me importa, porque no me pondría a escribir si no creyese que es algo que vale la pena escribir y leer). Cuando llegue el momento volveré para terminar El libro de Lucian con las ideas más claras y energías renovadas, de modo que cuando el de Sombra llegue a las estanterías ya tenga la tercera parte terminada; y empezaré el de Siiri, para que la historia pueda estar completa en cuanto la editorial lo permita. Lo cual, siendo optimistas, nos pone en un plazo de unos tres años. Eso significa que habré dedicado cinco años de mi vida a mi primera novela y sus cuatro partes. Demasiado para alguien tan impaciente como yo. Por eso necesito trabajar ahora en la segunda, y darle forma, y ver qué pasa. Y esforzarme para que pasen cosas buenas.

Así que nos vemos en las Casas de la Carne, por supuesto, pero en los próximos meses también nos iremos viendo por otras partes si todo va bien. Os mantendré informados.

J.

Deja un comentario