Por qué escribo lo que escribo (2/2): Violencia

Pollos

El Libro de Ivo es violento. El Libro de Sombra es violento. Y la violencia es un elemento presente continuamente en toda la Saga de la Ciudad. Pero para mí no es algo imprescindible para contar una historia. Pueden contarse historias geniales sin que la violencia esté presente. Y sin embargo muchas historias necesitan la violencia, es un elemento narrativo tan importante como los propios personajes. Las historias con malo malísimo requieren un final violento, exigen que el antagonista muera, a ser posible que lo maten. Desde los cuentos clásicos, la violencia como elemento final es imprescindible, y ni siquiera un engendro como Disney se atreve a eliminarla, aunque la saque de cámara: la madrastra de Blancanieves de despeña (cuando los enanos van a acabar con ella), la bruja del mar de la Sirenita muere atravesada por el mascarón de proa de un barco. Y no sólo en los cuentos. La Iliada es una historia de violencia, de muerte salvaje y cruel, con el realismo de la guerra antigua; esa fue la impresión que me dio su primera lectura. Lanzas atravesando escudos y carne, espadas que se hunden en el cuello del oponente y, si no hay nada más a mano, una buena piedra para aplastar el cráneo del enemigo. La Iliada es totalmente impensable sin la violencia. Igual que es necesario que Ulises vea cómo el cíclope devora a sus compañeros, o que Escila los arranque de sus bancos.

¿Por qué hay tanta violencia entonces en La Saga de la Ciudad? Porque me apetecía. Me apetecía contar una historia sobre los límites en los que el hombre se convierte en monstruo, sobre los límites de la moralidad y la moralidad en ausencia de límites. Y eso iba a hacer de ella inevitablemente una historia violenta, porque cuando los límites se transforman el hombre es un ser despiadadamente violento. Y eso no es literatura, esa es la cruda realidad. Porque en lo que escribo la historia es ficticia, pero la violencia casi siempre tiene una base real, son cosas que han sucedido, que los humanos hemos hecho en un lugar u otro, en un momento u otro. Y yo decido mostrarla, creando ciertas premisas del mundo narrativo que me permiten poner toda esa violencia bajo una lupa, y presentarla junta para que el lector no tenga forma de apartar la mirada.

Pablo Escobar

Cabe preguntarse, y me lo pregunto cada ciertas páginas, si la violencia que voy presentando sigue siendo un elemento narrativo o si se ha convertido en un elemento de exploitation. Me preocupa verme pensando “ya llevamos X páginas sin matar a nadie, habrá que meter un descuartizamiento o una violación y asesinato”. Porque entonces perdería el sentido. Entonces la historia pasaría a hablar de la violencia en sí, y no de los personajes en un mundo con límites alterados, y eso no es lo que quiero escribir. Y sí, si esos personajes hacen cosas brutales o crueles y yo las explico con detalle quedará una escena enormemente violenta. Así son las cosas. No voy a censurarme lo más mínimo en ese sentido.

Después vendrán otras historias. Y como esas otras historias no tendrán un argumento que concentre todo lo brutal en un espacio muy reducido, como serán historias diferentes. habrá menos violencia. Pero probablemente habrá, porque las historias, las historias grandes y adultas y de acción, requieren violencia.

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J.

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