Traductores y otros laberintos

Translator Day - Angelica Portales

Traducir es difícil. No es lo más difícil del mundo, como supongo que debe haber operaciones de cirugía sencillas para el que sepa hacerlas. Y si traducir es difícil, traducir bien un libro es muy difícil. Porque tienes que transformar significados, no significantes, porque cada lengua tiene su forma de transmitir las ideas, las emociones, los sentimientos… y dentro de cada lengua, cada autor tiene a su vez su propio estilo.

Oscuridad Vil 1rOscuridad Vil 2rCuando yo traducía para Devir, los libros de Los Reinos Olvidados no es que fueran un paseo pero tampoco eran un infierno. Es más traducción técnica que traducción literaria, pero tenías que pararte a pensar mucho con los nombres. Porque en inglés suelen ser nombres compuestos, y en castellano a mí me gustaba ponerlos como varias palabras. Y ahí íbamos decidiendo entre el señor Jordi Zamarreño, que sabe mucho más de traducción que yo, y un servidor. Que si el mar Fulgente, que si las ruinas de Okozh… Y eso me lleva a pensar que el suplemento que más me gustó traducir fue el Libro de Oscuridad Vil. Si es que se veía venir.

Me centro. Porque yo en realidad no veía a contar batallitas, sino a hablar de traducciones literarias, y del increíble trabajo que representa coger libros complejos y de lenguaje totalmente original, y verterlos al castellano. Sin tener más referencias que la profesionalidad y la inventiva del traductor o traductora para tomar palabras inventadas en inglés, e inventar palabras nuevas en español que capturen el espíritu original. Eso es magia. Eso es lo que hace posible disfrutar de un libro. Y yo he disfrutado como un enano este verano de Embassytown (y lo he dicho por todas partes), y ahora estoy disfrutando casi igual de La Ciudad y la Ciudad. Y ambas cosas son posibles gracias Gemma Rovira y a Silvia Schettin Pérez, respectivamente, a las que no conozco de nada, pero ante las que me quito el sombrero. Totalmente. Y sigo leyendo 🙂

J.

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