A medio camino (o algo así) y otras reflexiones

Sangre en el papel
Sangre en el papel

Ayer publiqué (un día antes de lo habitual) la quinta entrada de las diez que conforman la cuenta atrás hacia la publicación de El Libro de Ivo. Lo cual, sin que sean necesarios grandes alardes aritméticos, quiere decir que ya ha pasado la mitad de esa tensa espera. La semana que viene el libro va a imprenta. Y después, con la misma velocidad, desaparecerán las semanas que quedan y llegará al mismo tiempo la publicación y el comienzo de curso.

Yo evidentemente sigo con una corriente subterránea de emoción (estrés, pánico, megalomanía, inseguridad, vuelta al estrés, y así dando vueltas), pero hay algo que siempre me calma, que siempre me devuelve a lo que soy, a lo que quiero ser. Escribir, por supuesto. Y aunque publicar y que la gente me lea es un premio genial, no es mi objetivo. El objetivo de mi escritura es escribir. Es contar historias, es perderme en ellas. Es crear algo que valga la pena.

Pasé la mitad de mi juventud leyendo. Quizás un poco más. Horas y horas. A veces días enteros. Pero entendí pronto que necesitaba contar cosas, no sólo leerlas. Y pasaron años sin que apareciese el momento, el lugar, el tiempo. Llevo escribiendo tres años, quizás algo más. Dos novelas y un tercio. Y sigo necesitando contar cosas. Pero también necesito escribir, el hecho físico de escribir. Me equilibra, me libera, me llena de fuerzas, me cura. Creo que voy a necesitarlo para siempre. Aunque para siempre me parece mucho tiempo.

J.

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