Documentarse es una mierda (primera reflexión tras el primer párrafo de El Libro de Lucian)

Mapas

Quince minutos. Para poder escribir el primer párrafo. Que era pequeñito. Y eso es sólo arañar la superficie. Elige una ciudad de las dimensiones que quieres (Spartanburg, Carolina del Sur). Y luego hay que ver a qué distancia está del parque nacional de Yellowstone. Y cuánto se tarda en ir en coche, y por dónde se va. Pero es que ese es sólo el primer escalón. Porque ahora toca ver, si el viaje se hace en tres días, dónde se puede haber hecho noche. Y los barrios residenciales de Spartanburg, y un instituto en ese barrio, y la mascota del instituto. Y el tipo de industria predominante. Y las vacaciones escolares. Y el clima. Todo ello cosas que no son imprescindibles, pero que es lo que da vida a la realidad. Y como gran parte de El Libro de Lucian transcurre en el mundo real, es necesario que el mundo sea real de verdad. No como en El Código Da Vinci, donde el albino huye de una cárcel de Andorra andando porque un terremoto destruye la pared, y creo recordar que llega a pie hasta una vía de tren. Ejem.

Es mejor la fantasía. Poder crear con toda libertad todos los detalles del mundo. O al menos lo es para mí. Pero ya tocaba, así que no queda más remedio que documentarme todo lo necesario.

Ya comprendo totalmente (y eso que acabo de empezar a meterme en faena) la nota final de Stephen King en La cúpula, agradeciendo infinitamente su labor a la persona que había estado buscándole toda la información necesaria, dejando así que él se centrase en escribir. Eso es realmente un trabajo en sí mismo. Y cuando pueda permitírmelo sin lugar a dudas contrataré a un ayudante para que se dedique a recorrer internet en busca de direcciones, fotos de lugares, y el tipo de soldadura más adecuada para un pentáculo de plata. Mientras, no me queda más remedio que hacer todo ese “trabajo sucio”. Que no es perder tiempo, pero sí.

J.

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