En los límites

Decía Clive Barker ayer en Facebook más o menos lo siguiente:

“La buena ficción de horror trata temas tabú. Siempre debe llegar a los límites de lo que es aceptable. Por ello, paradójicamente, debes estar preparado para ser rechazado como artista, porque estás tratando con zonas que la gente a menudo no quiere reconocer que existen; y al mismo tiempo debes ser consciente de que utilizas tus habilidades como artista para sacar de un material que es gráfico, brutal o que revuelve el estómago, subtextos y resonancias que son sutiles y (espero) optimistas”.

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Por mi parte, con El Libro de Sombra en fase de revisión, esas palabras se me hacen tremendamente ciertas. De la primera a la última. Hay que tratar temas tabú. Hay que asomarse al abismo de lo inaceptable, porque en eso reside el horror. Y ciertamente ha habido y habrá personas que se han quedado en cosas tan simples como “si escribe de cosas malas no puede ser una buena persona”. Pero un lector que sólo se quede en esos límites por los que camina el escritor de horror es una persona que no ha sabido leer, porque siempre subyace algo, siempre hay algo debajo. En El Libro de Ivo quizás más directo y simple, pero en El Libro de Sombra creo que más claro, más hermoso, más optimista. Como ya he dicho alguna vez, El Libro de Ivo acaba con una victoria que sabe a derrota, y El Libro de Sombra con una derrota que sabe a victoria (y El Libro de Lucian acabará con una promesa, y El Libro de Siiri con el cumplimiento de esa promesa).

Y sin saber por qué, me da la impresión de que lo que intento como escritor de horror es un poco lo que decía Miguel Hernández, recordar

que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Porque el horror sin esperanza carece de sentido (y por eso la mayoría de películas de terror actuales, con malos indestructibles para hacer infinitias secuelas me parecen tan pobres, pero eso para otro día).

J.

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